RHAEGAR
Cuando
llegó a Desembarco hacía ya más de un mes, el ambiente estaba cargado de
tensión. Su padre había degenerado de una forma alarmante y se reunía en
secreto con oscuros piromantes no sabía para qué; Elia se negó a recibirlo y,
lo que más le dolía, no le permitieron ver ni a Rhaenys ni a Aegon. No tenía
sentido quedarse allí por más tiempo, así que decidió marchar al frente de sus
tropas y tomar partido en la guerra que se había desatado por su culpa.
¿Merecía la pena todo este sufrimiento? La razón principal era el amor por la
joven Stark. «Sí, la merece. No hay sentimiento más noble que el amor.» Lyanna
y él eran unos incomprendidos para el resto del mundo. Si Brandon Stark y
Robert Baratheon no hubieran sido tan impetuosos, tan viscerales, la guerra se
habría evitado. Ahora ya era tarde y el conflicto no tenía remedio. Las fuerzas
iban igualándose y el Usurpador ganaba aliados y terreno. Robert era
invencible, nadie podía con él. Se decía que cayó herido de gravedad en una
emboscada, pero sobrevivió oculto en Septo de Piedra y ni Lord Jon Connington
pudo dar con su paradero, lo que dio tiempo a sus aliados a llegar allí y
vencer a los realistas. Las gentes del lugar le habían dado cobijo, cosa que
demostraba que sus apoyos crecían. Los Targaryen aún contaban con las fuerzas
de los Tyrell de Altojardín y de los Martell de Dorne, a pesar de todo. El
propio Lewyn Martell, tío de Elia, se uniría a él en el Tridente con 10.000
hombres que reforzarían el ejército realista. Confiaba también en que la
petición que hizo a su padre de pedir ayuda a Tywin Lannister diera resultado.