AVISO

Este fic contiene sólo especulación. Se basa en diversas teorías que hay por la red. Si no quieres que se te desvele nada que creas importante, no lo leas. Pero insisto: no dice nada que se haya escrito y/o publicado aún. Todos los personajes y lugares pertenecen a G.R.R. Martin.
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domingo, 20 de enero de 2013

Capítulo 38


RHAEGAR
            Los gritos del ejército enemigo se oyeron temprano. Sus cálculos no estaban equivocados: Robert se dirigía hacia el Norte a través del Tridente. El encuentro con el Usurpador era ya inevitable. En cierto modo, lo había estado deseando desde que dejó a Lyanna en Dorne. Aunque los cuervos nunca llegaron a su destino, estaba claro que el diálogo no habría sido jamás la vía para entenderse con Robert. La guerra era la forma de vida de ese joven. Por su parte, Rhaegar odiaba los conflictos, pero nadie diría que era un cobarde. No en vano era caballero desde los diecisiete años y había sido el vencedor del Torneo de Harrenhal. «Harrenhal… El comienzo de todo», pensó, sonriendo con tristeza.

viernes, 18 de enero de 2013

Capítulo 36


RHAEGAR
            Cuando llegó a Desembarco hacía ya más de un mes, el ambiente estaba cargado de tensión. Su padre había degenerado de una forma alarmante y se reunía en secreto con oscuros piromantes no sabía para qué; Elia se negó a recibirlo y, lo que más le dolía, no le permitieron ver ni a Rhaenys ni a Aegon. No tenía sentido quedarse allí por más tiempo, así que decidió marchar al frente de sus tropas y tomar partido en la guerra que se había desatado por su culpa. ¿Merecía la pena todo este sufrimiento? La razón principal era el amor por la joven Stark. «Sí, la merece. No hay sentimiento más noble que el amor.» Lyanna y él eran unos incomprendidos para el resto del mundo. Si Brandon Stark y Robert Baratheon no hubieran sido tan impetuosos, tan viscerales, la guerra se habría evitado. Ahora ya era tarde y el conflicto no tenía remedio. Las fuerzas iban igualándose y el Usurpador ganaba aliados y terreno. Robert era invencible, nadie podía con él. Se decía que cayó herido de gravedad en una emboscada, pero sobrevivió oculto en Septo de Piedra y ni Lord Jon Connington pudo dar con su paradero, lo que dio tiempo a sus aliados a llegar allí y vencer a los realistas. Las gentes del lugar le habían dado cobijo, cosa que demostraba que sus apoyos crecían. Los Targaryen aún contaban con las fuerzas de los Tyrell de Altojardín y de los Martell de Dorne, a pesar de todo. El propio Lewyn Martell, tío de Elia, se uniría a él en el Tridente con 10.000 hombres que reforzarían el ejército realista. Confiaba también en que la petición que hizo a su padre de pedir ayuda a Tywin Lannister diera resultado.

jueves, 10 de enero de 2013

Capítulo 34


RHAEGAR
            Desde aquella mañana en la que Lyanna lo había guiado hasta su lecho, la joven y él habían dormido juntos cada noche. La proximidad de ella lo tenía totalmente hechizado, jamás había sentido algo así con Elia. Con sólo mirarse, sabían lo que el otro pensaba. ¿Cómo era posible? Apenas se conocían unas semanas. La complicidad entre ambos tenía confundido a Rhaegar. Era como si Lyanna leyera en sus ojos y a él le ocurría lo mismo. Un pequeño gesto con el labio, una forma concreta de tocarse el pelo, y él entendía el mensaje, aun cuando ella no fuera consciente de estar enviándolo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Capítulo 25


RHAEGAR
Los dolores del parto habían comenzado de madrugada y ya era casi mediodía. Rhaegar estaba en la puerta de la habitación, nervioso, como cuando nació su hija Rhaenys. Oía a Elia gritar de dolor mientras que él estaba fuera, impotente. Mujeres entraban y salían constantemente con la cabeza baja y las manos ocupadas con telas y jofainas de agua. Daba igual que fuera el príncipe: nadie le decía nada de cómo iba todo allí dentro. Harto de la espera, bajó al patio de armas. Rhaenys y Viserys estaban jugando sin ninguna vigilancia. Como siempre, su hermano andaba con travesuras que hacían llorar a la niña. En esta ocasión la retaba a poner la mano encima de un pequeño fuego para demostrar que era una Targaryen auténtica. «¡No lo eres ni nunca lo serás, porque tu madre es sólo una Martell y tú otra!» La niña empezó a llorar desconsolada. Viserys se reía con desprecio mientras empezaba a colocar su propia mano cerca del fuego. Rhaegar corrió hacia él para apartarlo de la llama, porque sabía que terminaría quemándose. «¿Estás loco, Viserys? ¡Déjate de historias de dragones y de fuego! ¡Y no vuelvas a acercarte a Rhaenys!» El niño lo miró con sus ojos violetas fuera de las órbitas. «¡Os odio, a ti y a tu asquerosa hija, ojalá os muráis todos! ¡Ojalá se mueran tu mujer y tu hijo! ¡YO SOY EL ÚNICO DRAGÓN AQUÍ!» El príncipe no pudo soportarlo más: tomó a Viserys por una oreja y lo arrastró hasta la llama, sujetándole la cabeza por el pelo. «Mira ese fuego, ¡míralo bien! Si vuelves a decir algo semejante juro que te meto ahí para comprobar que eres realmente de la sangre del Dragón. ¡Y apuesto a que arderás como una pila de paja seca!» Lo soltó con rabia y le ordenó quitarse de su vista.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Capítulo 23


RHAEGAR
            Ya tenían casi todo preparado y pronto volverían a Desembarco del Rey. Rhaegar entró a los aposentos que compartía con su esposa en el castillo de Harrenhal para avisar de que en unos minutos saldrían hacia la Fortaleza Roja. Elia estaba sentada de espaldas a la puerta y no se inmutó cuando su esposo le habló. El príncipe notaba que ella estaba disgustada por el final del torneo. La había afrentado delante de todo el mundo coronando Lyanna Stark como Reina del Amor y de la Belleza, algo que jamás le perdonaría. «Esposa mía, ya te he dicho que todo esto tiene una explicación», le dijo Rhaegar. Pero Elia se negaba a escuchar. De todos modos, ¿cómo decirle que le entregó las rosas azules a una niña como muestra de admiración por su valor? El príncipe consideraba a Lyanna Stark la verdadera vencedora del torneo y por eso la coronó… Pero, ¿era únicamente esa la razón? Hizo análisis mental de los últimos días: no conseguía quitarse de la cabeza los ojos grises, el rostro arrebolado y la boca jadeante de la muchacha en el bosque. Al día siguiente de su extraño encuentro, Rhaegar regresó al lugar con la excusa de atrapar al misterioso Caballero del Árbol Sonriente y encontró la armadura tirada allí, junto al escudo, que colgaba de una rama, y el yelmo. Había tomado este último entre sus manos, recordando el momento en el que se lo quitó y descubrió el rostro más bello que jamás había visto. En el casco encontró algunos cabellos oscuros y los había guardado envueltos en un pañuelo. Aún conservaba lo que empezó a considerar como un amuleto, puesto que lo había llevado durante el torneo cerca del corazón y le había dado suerte.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Capítulo 19


RHAEGAR
            El jinete había salido tan rápido del lugar de las justas que llevaba demasiada ventaja sobre Rhaegar. El caballo del príncipe era un semental de guerra y él confiaba en que pronto alcanzaría a la montura del Caballero del Árbol Sonriente, ya que no se veía un animal demasiado brioso. Parecía que el desconocido había tomado el camino hacia el bosque cercano, seguido por su escudero, que también se esfumó con rapidez sobre un jamelgo. Esperaba estar siguiendo las huellas correctas, porque le daba la sensación de que caballero y escudero se habían separado en algún punto para despistar a su perseguidor.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Capítulo 17


RHAEGAR
            Las justas se reanudaron al día siguiente. Rhaegar ocupó su lugar en el palco real junto a su padre y su esposa. Aerys se veía encantado con la jugada de nombrar capa blanca a Jaime, porque así arrebataba a Tywin su joya más preciada: el primogénito de Roca Casterly. Tyrion era el único varón que le quedaba tras convertir a Jaime en miembro de la Guardia Real. Rhaegar pensaba en lo amargado que debía estar su padre para hacer algo tan rastrero… Por lo que había oído, la Mano había dejado el cargo unos días después de la marcha de la familia real a Harrenhal, como protesta por las intenciones de Aerys. Y ahora, para insultar más a los Lannister, había ordenado al flamante capa blanca volver a Desembarco para proteger a la reina y al pequeño Viserys, impidiendo que Jaime participara en las justas. Rhaegar sentía cada vez más vergüenza por los actos de su padre. Eso le recordó la misiva anónima que recibiera unas semanas antes. Nadie se había puesto en contacto con él y empezaba a sospechar que tampoco lo haría. Todo tenía el halo de Varys: el misterioso mensaje, el apoyo de gentes que no decían sus nombres y el hecho de que su padre abandonara el encierro voluntario para desplazarse a Harrenhal. Pero, ¿cuál era el propósito de Varys? ¿Desequilibrar aún más al rey? A lo mejor él era el cabecilla de un grupo de personas que realmente veían el deterioro de Aeyrs y apostaban por Rhaegar para ocupar el Trono de Hierro antes de que los Targaryen cayeran en desgracia. Alimentar las manías y locuras de su padre no harían sino hacer más evidente la necesidad de un cambio… Era una estrategia bastante inteligente, y era innegable que Varys sabía cómo moverse en la sombra. Pero todo eso no eran más que conjeturas.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Capítulo 12


RHAEGAR
            A Elia parecían no importarle las molestias del embarazo: deseaba con toda su alma salir de la Fortaleza Roja y distraerse y Rhaegar lo sabía. La invitación al  torneo de Lord Whent fue una excusa perfecta para abandonar el encierro al que su estado la tenía sometida y por eso formaba parte del cortejo que acompañaba a Rhaegar. También se unió al viaje Aerys, algo extraño ya que llevaba años sin salir de Desembarco del Rey. Rhaegar sospechaba que su padre había decidido ir a Harrenhal porque Varys le informó del contenido de la extraña nota que recibió hacía unas semanas. No sabía quién la había mandado y estaba expectante por el misterioso encuentro. ¿Y si era una trampa? Debía ser cauto en ese aspecto.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Capítulo 9


RHAEGAR
            El embarazo de Elia ya se notaba aunque estaba sólo de cuatro meses. Las molestias constantes la tenían recluida en sus habitaciones y no salía nada más que para dar cortos paseos por recomendación del Gran Maestre Pycelle. Mientras tanto, Rhaenys se dedicaba a jugar con su tío Viserys, que sólo pensaba en travesuras crueles que provocaban en Rhaegar una ira desconocida en él. Parecía que su hermano sólo disfrutaba haciendo sufrir a los demás, de modo que siempre estaba encima de los niños cuando éstos jugaban juntos con el fin de evitar algún accidente grave provocado por las travesuras de Viserys.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Capítulo 4


RHAEGAR
            Entró en el suntuoso palacio real para tomar un baño después del entrenamiento. Caminaba tranquilamente por el pasillo de los aposentos de la familia cuando un bulto blanco pasó corriendo por su lado, como un rayo. Rhaegar tuvo los reflejos de agarrar a aquello por un brazo: no era sino su hermano pequeño Viserys. El crío tenía casi siete años y, aunque alto para su edad, se comportaba como un bebé caprichoso. Rhaegar se preguntó cuál sería la idea alocada que se le habría pasado por la cabeza ese día. Mientras lo sujetaba con fuerza, Viserys no paraba de patalear, intentando zafarse del fuerte brazo de su hermano mayor, que reía viendo los esfuerzos inútiles del niño. «¡Suéltame!», gritaba Viserys, al tiempo que trataba de agarrar el largo pelo plateado de Rhaegar. «¡Soy de la sangre del Dragón, no te atrevas a despertar al Dragón o sabrás lo que es bueno!» El príncipe aflojó el abrazo un poco, lo que fue aprovechado por Viserys para morderle la mano. Rhaegar no pudo evitar abofetear al pequeño y reñirle su comportamiento estúpido. Viserys se marchó llorando y jurando venganza, al tiempo que repetía que había despertado al Dragón y ardería en su ira. Mientras comprimía la herida sangrante con un pañuelo, Rhaegar no pudo evitar pensar que Viserys parecía haberse contagiado de la locura de su padre. Le quedaba el consuelo de que no era el heredero al Trono de Hierro ni tampoco había ninguna hermana con quien casarlo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

PRIMERA PARTE: LA CORONA DE ROSAS Capítulo 1

 
RHAEGAR
            Bajó al patio de armas de la Fortaleza Roja, ya que era un lugar ideal para entrenarse con la espada, algo que le encantaba; de hecho, era sin duda el mejor y cuando contaba sólo diecisiete años había sido nombrado caballero. Sin embargo, si le daban a elegir entre una lanza y un arpa bien afinada, elegiría esta última sin pensar. Su padre, Aerys II Targaryen, monarca de los Siete Reinos, no estaba muy de acuerdo con las inclinaciones de su primogénito. Rhaegar se consideraba a sí mismo un buen heredero y, aunque no lo decía en voz alta, sabía que llegaría a ser mejor rey que su progenitor. Cumplía con los requisitos que se le exigían a un gobernante: fuerza, astucia, sentido de la justicia y, por qué no, un punto de sensibilidad de la que su padre había empezado a carecer con el paso de los años. Según se rumoreaba, Aerys sufría de una demencia progresiva fruto del secuestro que sufrió durante seis meses en el Desafío de Bosquesombrío. Aerys ya rondaba los cuarenta años y su pelo plateado, tan característico de la familia, se mostraba descuidado y amarillento, la barba aparecía larga y sucia e incluso había prohibido que se le cortasen las uñas. A todo ello se añadían las numerosas cicatrices y heridas provocadas por las afiladas espadas que formaban el Trono de Hierro y que le valían a Aerys el sobrenombre de Rey Costra. El aspecto no era precisamente el que se esperaba de un rey poderoso como él. Rhaegar lamentaba la situación y no veía el momento en el que heredaría el poder.