AVISO

Este fic contiene sólo especulación. Se basa en diversas teorías que hay por la red. Si no quieres que se te desvele nada que creas importante, no lo leas. Pero insisto: no dice nada que se haya escrito y/o publicado aún. Todos los personajes y lugares pertenecen a G.R.R. Martin.
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sábado, 26 de enero de 2013

Capítulo 44


EDDARD
El calor de Dorne lo agobiaba. Con la armadura puesta aún era peor y eso aumentaba su cansancio. Sólo el hecho de saber que estaba cerca de Lyanna le daba las fuerzas para continuar. Sus compañeros también lo estaban pasando mal. A Willam Dustin, Ethan Glover, Martyn Cassel, Mark Ryswell y Theo Wull se unió Howland Reed. Ned se negó al principio a que fuera con ellos a Dorne, porque un lacustre no sabía luchar con tácticas propias de caballero, pero Howland insistió. «Vuestra hermana es una mujer valiente que me salvó la vida. Es mi oportunidad para devolverle el gran favor que me hizo. Os suplico que me dejéis ir con vos.» Eddard no pudo negarse y accedió. Al fin y al cabo, mejor ser siete, puesto que no sabía si allí iban a encontrar a más hombres armados aparte de los tres capas blancas.

jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 42


EDDARD
            La situación de Bastión de Tormentas era límite cuando Ned y su ejército llegaron. El asedio de Lord Mace Tyrell había dejado el lugar incomunicado y sin posibilidad de abastecerse, por lo que la guarnición hubo de alimentarse con caballos, perros y gatos. Se decía que incluso habían comido carne humana, pero Eddard prefirió pensar que no fue así. Gracias a un contrabandista, un tal Davos Seaworth, pudieron resistir hasta que Ned apareció con refuerzos. Davos penetró en Bastión de Tormentas con un cargamento de cebollas y pescado en salazón, una bendición para la agotada guarnición. A la hora de ayudar a Stannis, el hermano de Robert, Ned y sus hombres lo hicieron de manera pacífica. Eddard se sentía satisfecho de ello porque ya no podía soportar más derramamiento de sangre. La visión de Elia Martell y sus hijos fue la gota que colmó el vaso de tanta violencia. Una cosa era un campo de batalla y otra asesinar a una mujer y unos niños a sangre fría. Al menos la guerra se daba por acabada en Bastión, aunque el paradero de su hermana seguía siendo un misterio. Era el último cabo que atar. Muerto Rhaegar, ¿quién podía saber dónde estaba Lyanna? Había perdido toda esperanza de encontrarla tras un año. Era desesperante… Robert decía que también quería encontrarla pero, ahora que ya era efectivamente rey, parecía más preocupado en matar a los Targaryen que quedaban. De hecho, una vez levantado el asedio, Stannis marchó hacia Rocadragón, donde la reina Rhaella, que estaba embarazada, y su hijo Viserys, se habían refugiado antes del saqueo de Desembarco. En su fuero interno, Ned deseaba que esa expedición fracasara. Recordó cómo se había despedido de su amigo. En parte, no sentía de corazón las duras palabras que le dirigió, aunque sí que estaba disgustado con la manera de llevar todo lo relacionado con la familia real. Lo único que admiraba de él era su capacidad para perdonar a gente como Jaime Lannister o el Consejero de los Rumores de Aerys, el extraño lyseno Varys, apodado La Araña. Ned no se consideraba una persona rencorosa, pero sí justa, y lo del joven Lannister lo sacaba de quicio: no hizo nada por evitar la muerte de su padre y su hermano, mató a Aeyrs por la espalda… ¿Se podía confiar en alguien así, en un Matarreyes? La podredumbre de la capital le asqueaba, toda esa gente llena de secretos, intrigas y oscuros intereses. Su pelea con Robert era la mejor excusa para no volver allí jamás. Ni siquiera le pidió ser su Mano, cosa que le daba igual y hasta agradecía. Deseaba volver a Invernalia con su esposa y disfrutar de su matrimonio. No pedía nada más para ser feliz: sólo encontrar a Lyanna.

martes, 22 de enero de 2013

Capítulo 40


EDDARD
            La rebelión llevaba ya casi un año en marcha y aún no tenía noticias del paradero de Lyanna. La muerte de Rhaegar supuso un espaldarazo a la causa de Robert, pero dejaba sin pistas sobre dónde podría estar su hermana. Ni siquiera sabía si estaba viva o muerta. Desechó esa última posibilidad por ser demasiado horrible. No soportaría otra muerte más en su familia, y menos la de ella. Una muchacha tan joven no merecía morir, sino vivir, casarse, tener hijos y ser feliz. La imagen de Lyanna era constante en su mente, sobre todo tras el episodio del Tridente. Robert se había sentido un héroe asesinando a Rhaegar, pero Ned no llegaba a verlo así. Había algo que no le terminaba de cuadrar en lo del rapto, cada vez menos… La actitud de Lyanna con Robert en Harrenhal fue la primera pista. Lo del caballero del Árbol Sonriente y la Corona de Rosas de Invierno era aún más definitivo, y ahora lo tenía más claro. ¿Y si ella había planeado todo para fugarse con Rhaegar? El concepto que tenía del príncipe dragón distaba cada vez más de lo primero que pensó cuando se enteró de la desaparición de la joven. No lo veía como un salvaje capaz de arrebatar a una inocente muchacha de los brazos de su familia. Tenía la cabeza embotada reflexionando sobre todo esto, el asunto lo atormentaba. No podía desahogarse con Robert, quien aseguraba que Rhaegar era un violador que había merecido el final que tuvo. Su amigo estaba cambiando y eso no le gustaba nada. Siempre fue tozudo y apasionado, pero lo que contemplaba ahora era un ser sediento de venganza. El Tridente no puso fin a sus impulsos: en el Valle de Arryn juró que acabaría con todos los Targaryen que hubiera en Poniente y eso incluía a los hijos de Rhaegar, una niña y un bebé. Ned temía que la ira de Robert llegara a afectar a esos inocentes.

miércoles, 9 de enero de 2013

Capítulo 33


EDDARD
            Tras la victoria de Robert en Refugio Estival, el ya llamado Usurpador por sus enemigos se había enfrentado a las fuerzas realistas de Lord Randyll Tarly en Vado Ceniza. Según las noticias recibidas en Invernalia, la confrontación no había tenido un claro vencedor, si bien Lord Cafferel, antiguo enemigo de los rebeldes y ahora miembro del ejército de Robert, había sido asesinado por Lord Tarly y su cabeza enviada al Rey, mientras que el lado realista había perdido a Ser Quentin Tyrell. Al mismo tiempo, Robert se había visto forzado a dirigir sus tropas hacia el Norte, dejando las Tierras de las Tormentas y marchando en dirección a la Región de los Ríos.

sábado, 29 de diciembre de 2012

SEGUNDA PARTE: LA GUERRA DEL USURPADOR. Capítulo 30


EDDARD
            Era un día alegre y triste a la vez: alegre porque era el de su boda, pero triste porque se casaba con la mujer destinada a Bran. La horrible muerte de su padre y de su hermano convertían a Eddard en señor de Invernalia, algo que había deseado muchas veces, pero no a ese precio. Brandon era el mayor, el heredero natural de Lord Rickard, y Ned no podía soportar la idea de verse al frente de la casa Stark por una tragedia como aquélla. Dos de sus seres queridos habían sido asesinados de la forma más cruel y despiadada que uno podía imaginar. Y su hermana se hallaba en paradero desconocido tras haber sido secuestrada por el príncipe Rhaegar. Ahora estaban él y Benjen, que sólo era un adolescente y se había quedado en Invernalia mientras que Eddard se dirigía a Aguasdulces a contraer matrimonio con la prometida de Brandon. Tras su muerte, la alianza entre el Norte y la Región de los Ríos debía forjarse con la unión del nuevo heredero y la hija de Lord Tully, algo más importante ahora que marcharían a la guerra contra los Targaryen para apoyar la causa de Robert Baratheon.

martes, 11 de diciembre de 2012

Capítulo 21


EDDARD
            Era la mañana de la tercera jornada de justas. Salieron del hospedaje los Stark y Robert, que se mostraba ansioso por llegar. Lyanna parecía ausente de todo a pesar de que Robert iba a tener su momento del gloria ese día. Ned notaba a su amigo un tanto preocupado con su hermana desde la noche de la cena, y él mismo sentía esa misma preocupación. Sabía que le mentía, que todo ese asunto de la enfermedad era una farsa planeada entre ella y Benjen, pero no llegaba a averiguar el propósito. Eddard se exasperaba con los acertijos y charadas, y con las mentiras y las intrigas aún más.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Capítulo 18


EDDARD
            Como era de esperar, Benjen y Lyanna habían amanecido enfermos tras la cena. Ambos se quejaban de dolor de estómago y náuseas y se lamentaban una y otra vez por no haber hecho caso a Bran y a Ned de no comer aquella cosa infame. Robert se ofreció a cuidar de ambos, pero Lyanna se negó rotundamente. No quería que su prometido se perdiera nada del torneo. Además, podían pagar a una de las criadas del hospedaje para que se ocupara de ellos, ya que llevaban dragones de oro como para comprar media docena de caballos. Brandon no puso objeción ninguna, pero Robert y Eddard no terminaban de decidir si ir al torneo o no. «Id, por favor», insistía Lyanna, «Quiero que alguien me cuente todo con pelos y señales, y seis ojos ven más que dos.» Así las cosas, dejaron a los enfermos y se fueron a las justas. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Capítulo 15


EDDARD
            Era el primer día de justas en Harrenhal. Como mandaba la tradición, la hija de Lord Whent fue coronada Reina del Amor y de la Belleza en la inauguración. Cuando el torneo finalizara, el ganador sería el encargado de elegir a la nueva Reina entre las muchachas asistentes. Los Stark no participaban en las justas; sólo Robert Baratheon iba a hacerlo, aunque en nombre de Bastión de Tormentas, en una lucha cuerpo a cuerpo, a la manera antigua. Brandon había traído su armadura y armas por si en el último momento se animaba a justar. Eddard tenía muy claro quién sería su Reina de haber intervenido: Ashara. Y todo a pesar de que la noche antes se había ido con su hermano. Esa mañana, Eddard pidió explicaciones a Brandon. Éste le dijo que no había ocurrido nada que ninguno de los dos no hubiera querido. La respuesta era algo ambigua, pero poco podía hacer ya. Además, había oído que uno de los participantes, Ser Barristan Selmy, aun siendo miembro de la Guardia Real, había dicho que coronaría como Reina a Ashara Dayne si ganaba el torneo. Estaba visto que la competencia era demasiada, así que sólo le quedaba contemplar a la joven a distancia.

martes, 20 de noviembre de 2012

Capítulo 13


EDDARD
            Faltaba un día para que comenzaran las justas en Harrenhal y Lord Whent convocó a las grandes familias invitadas al castillo para ofrecerles una velada festiva. Los Stark se presentaron de los primeros en el gran salón principal, tan grande que Eddard calculó que allí podrían meterse doscientos caballeros con sus monturas. Poco a poco empezaron a llegar otros invitados al torneo: miembros de las casas Haigh, Frey y Blount; también Mace Tyrell, de Altojardín, Ser Richard Lonmouth, gentes de las casas Mormont, Hornwood… La estancia ya comenzaba a tener vida y el murmullo de las conversaciones invadía el lugar. Entró entonces Lord Whent acompañado de su esposa y tomaron asiento en un lugar central de la mesa principal. El señor de Harrenhal dio unas palmadas y, con un gesto, indicó al guardia de la puerta que anunciara al invitado más ilustre: el rey Aerys II Targaryen. Todo el mundo estaba expectante y Eddard no era una excepción. Había oído hablar del Rey Loco y de su aspecto. Quería ver si esos cuentos eran ciertos o no. Cuando el rey entró, todo lo que había escuchado sobre Aerys vino a confirmarse: las costras, la barba sucia, las uñas largas, la mirada enloquecida. Ned se quedó impresionado ante semejante visión… Sin embargo, cuando entró el que debía ser el heredero, su gesto cambió. Rhaegar era un joven de gran belleza, un Targaryen de los pies a la cabeza, con el pelo plata y los ojos de un raro tono de azul. Su cara irradiaba inteligencia y un punto de melancolía. Junto a él entró la que debía ser su esposa, Elia Martell. Andaba despacio y a Eddard le pareció cansada. Se dio cuenta de que de vez en cuando se pasaba la mano por el vientre abultado. A la princesa la acompañaba un séquito de damas, entre ellas una joven que llamó la atención de Ned: era pálida y con el pelo oscuro, con un rostro seductor. Preguntó a Brandon quién podía ser y éste, entre risas al ver que tenía interés por una chica, le dijo que debía ser Ashara Dayne, hermana del famoso Ser Arthur Dayne, La Espada del Amanecer. Tras los Targaryen entraron los miembros de la Guardia Real, entre ellos el propio Ser Arthur y también el no menos conocido Ser Barristan Selmy, y algunos caballeros jóvenes, entre los que destacaba uno alto y con el pelo como el oro batido. «Un Lannister», pensó Ned. «Será el hijo de la Mano.»

lunes, 12 de noviembre de 2012

Capítulo 7


EDDARD
            Los últimos acontecimientos familiares lo tenían confuso, todo había sido demasiado precipitado. Brandon ya había salido hacia Aguasdulces y ahora él se quedaba como la mano derecha de su padre. Por otra parte, Robert estaba henchido de orgullo al haber obtenido la mano de Lyanna. A Ned le sorprendió que su amigo de la infancia no le hubiera confiado algo tan importante. A pesar de que nunca se lo había confesado directamente, el amor de Robert por su hermana era como un secreto a voces, de forma que le dolió en su fuero interno que no le hubiera revelado la idea de pedir su mano. Ni siquiera tanteó el terreno: así era Robert, impulsivo y decidido, y Eddard reconocía que eso lo convertiría en un triunfador en la vida. Él era más inseguro y creía en cosas de las que su amigo se reía, como el honor y la verdad. A Ned no le gustaba que Robert se tomara a la ligera esos principios, y menos ahora que era el prometido de Lyanna, pero sabía que el joven nunca haría nada que pudiera ofender a la muchacha de la que estaba enamorado desde hacía años. O eso quería creer.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Capítulo 3


EDDARD
            La silueta de Invernalia se dejaba ver entre los árboles y la bruma que rodeaba la poderosa construcción. Los dos amigos venían escoltados por gentes del Valle de Arryn, aunque Robert se había empeñado en que no les hacía falta ningún tipo de protección. Eddard miró de reojo a Robert: se asemejaba a un coloso montado sobre un caballo. Su amigo era valeroso con la espada además de muy diestro, pero pecaba de ser un poco fanfarrón a veces. A pesar de estar cerca de terminar su pupilaje, parecía no entender que aún no era un caballero preparado para ir a ninguna guerra, pero Robert estaba deseoso de demostrar de lo que era capaz en una lucha real. Eddard acercó su caballo y le dio una palmada en la espalda. El joven Baratheon le devolvió la muestra de afecto y lo miró con ojos un tanto ansiosos. Eddard supo interpretar el gesto: Robert estaba nervioso ante la perspectiva de ver de nuevo a Lyanna, la pequeña de los Stark. Ahora se habría convertido en una joven, aunque la última vez que estuvieron en Invernalia ya había experimentado un cambio físico que anunciaba la espléndida mujer que llegaría a ser. «Ned», dijo Robert, «no te burles de mí, pero ahora mismo pararía este maldito jamelgo y saldría corriendo hacia Invernalia. Es tan lento que parece que, en vez de avanzar, retrocede.» Eddard soltó una carcajada, algo raro en él, ya que solía ser bastante comedido y discreto; pero no pudo reprimir esa muestra de buen humor al contemplar la impaciencia de Robert por ver a Lyanna. Conocía a su amigo casi como la palma de su mano. Había algo en él que hacía imposible odiarlo, una especie de encanto natural que atraía a hombres y a féminas. Y eso que estaba plagado de defectos: además de orgulloso, era un poco mujeriego. El Lord Protector tuvo que castigarlo varias veces durante su pupilaje porque Robert se dedicaba a flirtear con las criadas y había desflorado a más de una, y no sin consecuencias. Se decía que una de las últimas niñas nacidas entre la servidumbre del Valle era hija de Robert. Eddard la había visto y, desde luego, la mata de pelo negro que cubría su cabecita parecía dar crédito a las habladurías. Aún así, le parecía que lo que Robert sentía por su hermana era verdadero amor, ya que no se comportaba con ella como con el resto de muchachas. Era como si tratara de refrenarse e incluso quisiera ser todo un caballero con ella, colmándola de atenciones, a veces un tanto torpes, porque no estaba acostumbrado a hacerlo.