BRANDON
Despertó
helado de frío. El lugar era húmedo y oscuro. Estaba encadenado a la pared de
manos y pies, y la cabeza le palpitaba de dolor. Entonces recordó: se había
presentado en la Fortaleza Roja exigiendo al príncipe Rhaegar salir a dar la
cara por lo que había hecho. Pero el Targaryen no estaba allí. Su padre arrestó
a sus acompañantes y los encerró en los calabozos. Él fue golpeado para que no
se resistiera. No sabía nada de ellos y, lo peor, nadie conocía su paradero
porque todo lo habían hecho en secreto. Se puso de pie para no mojarse más de
lo que ya estaba. Un ruido lo puso alerta: era el sonido de una llave en la
puerta, que se abrió dejando paso al carcelero. «Vamos, su Alteza quiere
verte.» Le quitaron los grilletes, le ataron las manos y lo condujeron por un
laberinto de puertas y pasillos iluminados tristemente por unas pocas
antorchas.