AVISO

Este fic contiene sólo especulación. Se basa en diversas teorías que hay por la red. Si no quieres que se te desvele nada que creas importante, no lo leas. Pero insisto: no dice nada que se haya escrito y/o publicado aún. Todos los personajes y lugares pertenecen a G.R.R. Martin.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Capítulo 26


LYANNA
            Se habían separado a la altura del Tridente. Brandon estaría a punto de llegar a su destino. Ella también... aunque nadie más sabía cuál era en realidad. Cabalgaban por el Camino Real que les llevaría a Desembarco del Rey y Lyanna ordenó a la comitiva parar aduciendo que estaba un poco mareada. En los alrededores no había ningún hospedaje, pero ella insistió en detenerse. El grupo acampó cerca de un bosquecillo frondoso. Mientras las sirvientas organizaban todo para establecerse allí por unas horas, Lyanna se excusó para quedarse a solas un momento. Los hombres de armas de Invernalia no estaban de acuerdo con que su señora se introdujera sin compañía en el bosque, tenían órdenes expresas de Lord Rickard de vigilar en todo momento a la muchacha, pero ella les dijo que debía hacer ciertas cosas para las que no necesitaba compañía, ni siquiera la de sus sirvientas. Los caballeros se sonrojaron y la dejaron ir, quedándose a la entrada del bosque.


            Al fin estaba sola. No estaba segura de lo que iba a ocurrir en ese momento, los nervios la consumían. Se adentró entre la vegetación. Sólo se escuchaban los sonidos de la naturaleza. ¿Sería ése el lugar indicado por Rhaegar en su carta? La respuesta de príncipe la pilló por sorpresa, puesto que ella sólo le había dicho que, a pesar de que apenas habían hablado, no podía olvidarlo y que se sentiría dichosa con contemplarlo en la distancia una vez más antes de contraer matrimonio. Rhaegar contestó con un mensaje algo críptico: «Yo también deseo veros una vez más. Sois mi amuleto, mi talismán. Pero Desembarco no es un lugar seguro para que me encontréis. Podréis verme en el Camino Real a la altura del bosque de Harrenhal, como recuerdo de nuestro primer encuentro. Id sola. Me tendréis para siempre.» ¿Para siempre? ¿Qué querría decir con ello? Rhaegar era un hombre casado y con dos hijos. Lyanna imaginaba que le daría algún objeto para que ella lo recordara una vez que fuera la esposa de Robert. 

            Empezaba a inquietarse. Los caballeros de su padre y sus criadas la estarían echando de menos y posiblemente entraran en el bosque a buscarla. Se sentó a la sombra de un árbol, al tiempo que se quitaba la capa por el calor. Afinó el oído por si escuchaba pisadas o los cascos de un caballo. Sólo se oía el viento resoplar. La decepción se apoderó de ella tras unos minutos y empezó a llorar, sintiéndose engañada. Comenzaba a levantarse cuando, de repente, un jinete encapuchado apareció entre la espesura de la vegetación, galopando a gran velocidad. Apenas estaba poniéndose de pie y mirando entre lágrimas al hombre que venía hacia ella cuando éste la tomó por la cintura, la levantó como una pluma y la colocó en su regazo sin refrenar el caballo siquiera. Asustada, pensó en gritar. Entonces vio unos ojos de color azul muy oscuro y un mechón de pelo plateado y, al fondo, su capa ondeando enganchada en una rama.

2 comentarios:

  1. ¡Llego la locura! A partir de ahora.. todo sera peligroso.

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  2. Me encanta esta historia, de verdad, Athena. Me encanta el momento de locura que pasa por la mente de Rhaegar sin que podamos llegar a comprender bien, y por la mente de Lyanna que conociendo la respuesta del príncipe se presenta en ese lugar.

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